En la fría oscuridad
creo escuchar tu voz,
y se entristece el
corazón
al saber que ya no
estas.
Con mis sueños
destrozados
he quedado en un
mundo de nostalgia,
absorto con aquella
remembranza,
de la sonrisa que tus
labios dibujaban.
Se envilecen los
recuerdos,
agigantan mi dolor
cada segundo,
la memoria con sus
últimos esfuerzos,
va al sendero de
aquel pasado tan profundo.
Era: algo tan
preciado
como una flor
entreabriendo en el camino,
tu hermosa faz de
azucenas encendidas
dejaban apreciar la
dulzura de tu vida,
fue así como te
adueñaste
de mi y mi destino.
Descubriste en mi lo
que nadie antes había descubierto,
una persona capaz de
amar y ser amada,
ser útil a un
corazón, ¡con tanto amor
y nunca nadie le
había correspondido!.
Recorrimos cielos,
jugamos entre
estrellas,
ofrecimos con amor
una venia al lucero
de la aurora,
tan angelical como el
amor que nos unía.
Y después de tanto
amor,
de tanto haber
compartido juntos,
de haberte entregado
mi vida y mis espacios,
mi corazón, también
mi mundo,
te entregas
deshonesta, descarada
y sin decencia a
otros brazos.
Estoy seguro que
aquel amor que has escogido,
jamás te brindará ese
amor
tan puro y tan bello
como el que siempre
te ofrecí
y con el que siempre
viviré,
así ya no me haga tan
feliz.
Adiós, amor de
fragantes azucenas,
de cielos, de luceros
y de estrellas,
ojalá que seas feliz
con tu destino,
mientras yo, resumido
en mis memorias,
seguiré con aquellas
frases
que empiezan ya
ha marcar mi propia
historia,
con la oscura e
insondable
soledad en mi camino:
“En la fría oscuridad
creo escuchar tu voz,
y se entristece el
corazón
al saber que ya no
estas”