sábado, 23 de mayo de 2015

Confesión


En la fría oscuridad
creo escuchar tu voz,
y se entristece el corazón
al saber que ya no estas.

Con mis sueños destrozados
he quedado en un mundo de nostalgia,
absorto con aquella remembranza,
de la sonrisa que tus labios dibujaban.

Se envilecen los recuerdos,
agigantan mi dolor cada segundo,
la memoria con sus últimos esfuerzos,
va al sendero de aquel pasado tan profundo.

Era: algo tan preciado
como una flor entreabriendo en el camino,
tu hermosa faz de azucenas encendidas
dejaban apreciar la dulzura de tu vida,
fue así como te adueñaste
de mi y mi destino.



Descubriste en mi lo que nadie antes había descubierto,
una persona capaz de amar y ser amada,
ser útil a un corazón, ¡con tanto amor
y nunca nadie le había correspondido!.

Recorrimos cielos,
jugamos entre estrellas,
ofrecimos con amor
una venia al lucero de la aurora,
tan angelical como el amor que nos unía.

Y después de tanto amor,
de tanto haber compartido juntos,
de haberte entregado mi vida y mis espacios,
mi corazón, también mi mundo,
te entregas deshonesta, descarada
y sin decencia a otros brazos.

Estoy seguro que aquel amor que has escogido,
jamás te brindará ese amor
tan puro y tan bello
como el que siempre te ofrecí
y con el que siempre viviré,

así ya no me haga tan feliz.

Adiós, amor de fragantes azucenas,
de cielos, de luceros y de estrellas,
ojalá que seas feliz con tu destino,
mientras yo, resumido en mis memorias,
seguiré con aquellas frases
que empiezan  ya
ha marcar mi propia historia,
con la oscura e insondable
soledad en mi camino:

“En la fría oscuridad
creo escuchar tu voz,
y se entristece el corazón
al saber que ya no estas”